Desde que era una niña lo había visto en mi familia. Él era un miembro más que residía en la zona por temporadas. Crecí escuchando que era “el Maestro”, pero nadie sabía de qué. Cuando despertaron mis inquietudes por saber cosas, me atreví a preguntarle de qué era maestro y qué cosas había estudiado. Su respuesta por entonces no fue muy clara: daba clases a adultos, aunque no estaba muy segura ni de qué ni con qué fin. Cuando vi cómo un verano se pasó los días con un cuaderno en mano, anotando palabras que están casi en desuso y al ver mis inquietudes por saber más y más me lo dijo: era profesor de español para extranjeros. Esa fue la primera vez que escuchaba eso.

 

Por entonces yo estudiaba Historia, y tuvimos numerosos encuentros para conversar de diferentes cuestiones. Nunca estuve en una de sus clases, pero tenía el don de hacer de cada conversación un tema fantástico que te hacía tener aún más curiosidad. En una de ellas, él me dijo, “¿por qué no haces un Máster y te cualificas para ser profesora de español?” sembrando así la semillita que me ha hecho ser alumna de este Máster.

 

Mis miedos estaban en mi poca experiencia en este ámbito. Como señalé antes, soy Licenciada en Historia y hasta el momento no me he dedicado a la enseñanza, ni de Historia ni de español como LE. Algunos años después de finalizar mi etapa universitaria, me alejé de los ámbitos educativos y decidí retomar mi formación iniciándome como profesora de español como LE.

 

Rodeada durante la jornada laboral de extranjeros que no hablan español como lengua materna, no ha habido un día en los últimos tres años en los que no explique a alguien por qué esto se dice así y no de otra forma. Esto es lo más cerca que he estado de enseñar español. Sin embargo, estas pequeñas explicaciones me hicieron ver cómo la necesidad de aprender algo concreto para solucionar un problema real, en el puesto de trabajo, les hacía aprender las cosas más rápido. Por ello, pienso que la enseñanza de una LE debe concebirse como un proceso que tiene un propósito. Por ejemplo, buscar trabajo, ascender en una profesión o viajar por el mundo y comunicarte con otras personas. Cualquier motivación puede convertirse en una buena excusa para aprender. La enseñanza de una LE, con un currículo de base que marque unas pautas, debe centrarse más en las necesidades de los alumnos de manera que, así, el aprendizaje tenga un exitoso resultado. ¿Cuántos años no hemos estudiado una lengua, en mi caso en inglés, y a la hora de enfrentarte a una situación real en la calle no tienes ni idea ni entiendes nada?

 

Actualmente han cambiado mucho las ideas que teníamos antaño de qué era un profesor y cómo debía enseñar a sus alumnos. Para enseñar cualquier asignatura, solo era necesario conocer la materia y transmitir esos conocimientos en una clase, intentando al final del curso terminar el temario. Lo mismo sucedía en las aulas de enseñanza de una LE. El resultado fueron años de gramática, haciendo ejercicios,…que a la hora de enfrentarte a las situaciones reales no te servían para nada.

 

En la enseñanza de una LE, podemos encontrar mucha diversidad dependiendo de a qué grupos de alumnos nos dirigimos. Por un lado, en muchas escuelas se estudia una LE como materia obligatoria desde primaria. Por otro, adultos que forman un grupo más heterogéneo de personas que aprenden una segunda lengua por motivos muy diferentes.

 

Desde mi punto de vista, el papel del profesor en un aula LE es esencial, aún más en el segundo caso, ya que será quien guíe a sus alumnos en el proceso de aprender una lengua. Además de conocer la lengua que enseña, el profesor debe tener la capacidad de aprovechar la diversidad que presenta su aula, para sacar el máximo potencial. Para sacar ese potencial será esencial utilizar materiales didácticos, estimular el trabajo autónomo de los alumnos alimentando su curiosidad. Alentar los diálogos en clase así como los trabajos en grupo que pueden servir para hacer ensayos de situaciones reales a las que en el futuro tendrá que enfrentarse. Estimular las capacidades de los alumnos, siendo a la vez flexible en las aulas con los programas educativos establecidos. No se trata de perder el control, sino de aprovechar aquellos temas que causan más curiosidad para relacionarlos con otros afines. Los alumnos aprenden de forma más satisfactoria creándose a la vez un ambiente placentero y satisfactorio en el aula.

 

Todo buen docente desea tener la máxima atención de sus alumnos, que no se aburran en una clase, que no estén mirando el reloj deseando salir corriendo. Creo que ese es el mayor reto que tiene un profesor a la hora de enfrentarse a un aula porque para evitar eso, tendrá que tener la empatía para captar las necesidades del grupo. Esto nos hace retomar lo dicho repitiendo que, el mayor reto al que se enfrenta un docente es al de tener la capacidad de aprovechar la diversidad de un aula usando todas las herramientas didácticas necesarias para estimular la curiosidad y autonomía del alumno haciendo de guía .

 

Los alumnos de LE, si se adentran a conocer otra lengua de forma autónoma y consciente y no por imposición, tendrán que ser capaces de transmitir sus necesidades a los docentes. Dejarse aconsejar, participar y desarrollar su propia capacidad autónoma. Para muchos alumnos es una tarea compleja, ya sea por diferencias sociales y/o culturales o porque están acostumbrados a otros sistemas educativos donde el profesor solo tenía que demostrar lo que sabía.

 

Mis carencias en la práctica docente sobre LE me hacen incapaz de poner ejemplos o relatar experiencias satisfactorias al respecto. Puedo compararlo en algunos aspectos con haber sido conferenciante en ocasiones ya que me he tenido que enfrentar a un público muy diverso, en ocasiones heterogéneo. El contenido de lo que quería transmitir era importante, pero lo era aún más que, tras 1 hora hablando el público no estuviera bostezando. Para ello, fue muy útil darle dinamismo al discurso con la incorporación de recursos electrónicos pero lo fue aún más, dar la opción de interrumpir y preguntar de manera que la conferencia terminaba yendo por las ramas que más interesaban al público presente. Tengo que decir que logré eso después de haber visto, unas cuantas veces, cómo se dormía el público mientras hablaba y cómo las preguntas finales eran las que resultaban más interesantes. Aún tengo mucho camino que recorrer y muchos interrogantes que resolver en la enseñanza de ELE.

 

Este máster es el inicio de mi formación como profesora de español, ¿qué espero de él? Espero conseguir una base para iniciarme como profesora ELE, conocer más de cerca un campo que siempre me ha apasionado, enseñar y qué mejor forma que enseñando español.

 

Empiezo este programa desde cero, porque ni tengo experiencia en docencia ni tengo formación filológica, pero mi objetivo es terminarlo, aprender todo lo que pueda, y si fuera posible, conseguir poner en práctica lo aprendido trabajando como profesora. Mis metas profesionales se centran en poder dedicarme a lo que me gusta enseñar, combinándolo con mi pasión por conocer diferentes culturas y acercarme a ellas, por ello pienso que enseñar español es una buena forma de acercarme a otras sociedades y culturas del mundo. No me importa dónde si me siento bien con lo que hago.